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El ministro de Finanzas francés, Laurent Fabius, planteó ayer a sus colegas de los países de la Unión Europea (UE) las propuestas que Francia pretende activar cuando presida la UE, en el segundo semestre de este año, para reforzar el papel político del Euro-11. El objetivo de la iniciativa francesa es dotar de mayor credibilidad a la moneda única europea frente a los mercados internacionales.

En la reunión que los ministros de Finanzas del Euro-11 celebraron en Luxemburgo, Fabius, con el decidido apoyo de España, entre otros países miembros de la UE (ver recuadro), trasladó a sus colegas la idea de que, junto a las decisiones financieras del Banco Central Europeo (BCE), el órgano informal de la eurozona debe hacer más “visibles” sus debates y, al mismo tiempo, lograr mayor peso en las decisiones que afectan al euro. Es decir, que se dé más publicidad a los acuerdos del Euro-11 y que estas decisiones políticas infundan más confianza a los actores de los mercados financieros, en contraste con el nerviosismo que mostró el Banco Central Europeo en los últimos meses ante la debilidad del euro frente al dólar.

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Las propuestas francesas llegan cuando se cumplen dos años de la constitución del Euro-11, el brazo político del BCE. París ha logrado apoyos para que el Euro-11 adquiera más protagonismo, frente a las reuniones en las que participan los representantes de los quince socios comunitarios, el Consejo de Ministros de Finanzas (Ecofin).

De esta manera, Francia pretende diferenciar los criterios de la eurozona frente al Ecofin, en el que también se integran el Reino Unido, Dinamarca, Suecia y Grecia. La presidencia de turno del Euro-11, que Fabius asumirá a partir del 1 de julio, debería, según fuentes de la representación francesa en Bruselas, ejercer de auténtico portavoz de este órgano, paralelamente al papel que desarrolle el presidente del BCE, Wim Duisenberg.

La idea de París es que, frente a las decisiones financieras del BCE, el Euro-11, dadas las buenas perspectivas económicas de la eurozona, tiene la obligación de aumentar la confianza de los mercados internacionales, de argumentar políticamente el optimismo, para evitar que se siga castigando al euro frente al dólar. O al menos, como defienden los franceses, que la recuperación del euro sea más rápida.

Fabius también lleva en su agenda una idea revolucionaria: que la presidencia del Euro-11 se extienda a un año en lugar de los seis meses actuales. En el caso francés se cumplirá, dado que Suecia, país que presidirá la UE a partir del 1 de enero del 2001, no forma parte de la eurozona. Los franceses creen que, de esta manera, se podrían consolidar mejor las líneas de actuación política de un órgano que, hasta el momento, ha trabajado casi en la clandestinidad. Al tiempo, podría jugar un papel de más contrapeso al BCE, cuyo liderazgo en torno al euro es mayor frente a los mercados.

Francia quiere también que se conforme una “troika”, de la que se desconoce su composición, cuyo papel sea promocionar el euro en los organismos económicos mundiales, como ya está previsto que ocurra en el G-7. El proyecto francés, que integra también otras propuestas ambiciosas en el debate de la ampliación y de la reforma institucional, no pretende, según estas fuentes, reducir el papel del BCE, sino tener un papel complementario en un momento en el que el euro ha comenzado tímidamente a recuperarse en los mercados internacionales.